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notas

del blog moleskine literario

Respuesta de González Vigil

Thursday, May 24, 2007
Dado que Ricardo González Vigil ha declarado que es la última vez que se refiere al tema no pretendo a ser tan grosero de quedarme con la última palabra, por lo que no discutiré ninguno de sus puntos salvo resaltar lo siguiente: estoy absolutamente de acuerdo con que no se puede insultar en público y disculparse en privado. Esa fue una de las razones principales por las que escribí “Un paso adelante”. Descubrí que nunca, en ningún post ni artículo, había justificado mis críticas a González Vigil con algo que no sea una burla, una ironía o una broma. Pensé: si quiero que me respeten debo empezar a reconocer mis errores y respetar a los demás. Por eso borré esa respuesta furibunda la mañana siguiente y escribí la editorial que todos conocen. González Vigil tiene todo el derecho de rechazar lo que fue público durante unas horas, pero no puede soslayar el hecho público y notorio de que borré mi carta y las alusiones a él en el comentario "Gran Combo Club" y el que todos los blogs serios (los únicos a los que el crítico debería hacer caso si no quiere ser cómplice de anónimos que difaman y descalifican a los demás con insultos racistas y homofóbicos) han respetado el derecho a retirar mi opinión. No conozco otra forma digna de pedir disculpas.

Conciliación
Desde que me divorcié hace tres años, con un hijo de un año al que debo proteger antes que a nada ni nadie, la palabra “conciliación” es la más importante del idioma para mí. Aprendí que conciliar no es someterse ni rendirse, y mucho menos mostrar debilidad, sino aceptar que ante un conflicto las dos partes deben ceder en algo (aunque a veces nos parezca injusto) para conseguir un acuerdo y dar un paso adelante. Si declaré que me reafirmo en las cosas que escribí en mi respuesta eliminada (deplorando el tono en que las escribí, insisto) fue para dejar en claro que no pretendía mentir cuando las expuse, pero si González Vigil considera que no censura a Cueto por razones extra-literarias o que nunca intentó que me quiten el auspicio que no tengo (en todo caso, una llamada suya luego de aparecer la nota de Caretas a la oficina de imagen bien pudo ser malinterpretada o tergiversada) no tengo ningún problema en aceptar sus descargos en vez de ponerme a llamar testigos (que al fin y al cabo tampoco son pruebas) para que hablen en su contra. Si él, además, insiste en decir que mi productor no lo llamó o que yo no le mandé el email de disculpa pues bien, considerando que ambas situaciones tenían como fin pedirle disculpas y darle la posibilidad de explicar por TV por qué asumió ciertas decisiones en su Manual de Literatura que yo consideré erróneas en mi programa, en vez de perder el tiempo buscando pruebas para demostrar que sí llamé o que sí mande el email ¿no es más coherente, responsable y serio volver a pedir disculpas e invitarlo al programa otra vez, ya que ése es el objetivo principal de lo que está en discusión? Después de todo, y dado que es imposible tener pruebas en cosas ridículamente concretas como si hubo una llamada o un email hace dos años, que sean las personas que están involucradas en estos temas y nuestras propias conciencias las únicas que juzguen quién miente y quién no. Yo, por mi parte, estoy bastante tranquilo.

Cuetomanía
Finalmente, sobre mi “cuetomanía”, debo decir que me identifico plenamente con ese término. Alonso Cueto no significa para mí sólo un extraordinario escritor sino un amigo al que quiero mucho y respeto, y no existe día en que no me sienta orgulloso de esa amistad a pesar de que muchas personas insisten en calificarla casi de “delito”. Por eso mismo, porque lo creo buen escritor y además una amigo entrañable, cuando reseño algún libro suyo que me parece genial se trasluce naturalmente mi entusiasmo e incluso mi felicidad al ver que un amigo querido ha conseguido un logro (y con “logro” no me refiero a los premios, ojo, sino a las obras). A González Vigil, en cambio, la obra de Alonso Cueto lo deja indiferente y ha decidido no criticar nada suyo desde que reseñó a principios de los años 80 su primer libro de cuentos (el más minimalista de todos, por cierto). No creo que exista algo innoble o erróneo en ninguna de las dos opciones, siempre y cuando seamos conscientes de que lo realmente importante en todo esto (deslindando de una vez y para todas cualquier alusión vinculada a mafias, lobbys o censuras) es que ni mi entusiasmo ni la indiferencia de González Vigil son definitivos a la hora de los balances. Lo concreto es que la obra de Alonso Cueto continúa escribiéndose y consiguiendo cada día más lectores, críticos, premios, traducciones y editoriales interesadas en él, totalmente ajena a estas escaramuzas. Entonces ¿por qué pelearnos por algo que finalmente es inútil? Ambos sabemos que los escritores y los críticos literarios con verdadero talento superan largamente los elogios y el ninguneo. Y como dudo que exista una verdad más grande que ésa, he optado por dejar que los demás saquen sus propias conclusiones sobre la objetividad de González Vigil a la hora de calificar a Cueto o a cualquier otro autor. No diré más sobre el tema reservándome, como es obvio, el derecho de opinar sobre sus reseñas o sus libros críticos cuando tenga algo que decir positivo o negativo, cuidándome de hacerlo con el respeto que una vida dedicada apasionadamente a la literatura, como la González Vigil, me merecen.

IVAN THAYS

Un paso adelante

Friday, May 18, 2007
Para nadie es secreto que desde hace años existe entre los narradores peruanos una fuerte división. Aunque se camufle en temas literarios o sociológicos, la verdadera razón de esa división es el reconocimiento: ¿quién tiene el reconocimiento y quién no? ¿por qué lo tiene él y por qué no tal? ¿quién decide que un autor merece ser reconocido? El mundo de los blogs lo único que hace es atizar el fuego de esas discusiones, hasta hacerlas no sólo interminables sino circulares. La única forma de detenerla es que cada implicado, por propia decisión, decida bajar los brazos y dejar de insistir en defenderse o contratacar. Eso es lo que pretendo hacer ahora.

Considero que la narrativa peruana está pasando por un buen momento. Los premios y el reconocimiento que alcanzan algunos autores en el exterior logran despertar la expectativa por conocer otros autores peruanos. Por otra parte, como nunca antes existe una abundante promoción de autores jóvenes que no solo tienen talento comprobado en obras, no em propuestas, sino una vocación y un profesionalismo que antes solo se encontraba en los consagrados. No es, entonces, el momento para discutir sino para conciliar y disfrutar de la pluralidad de temas, estilos y propustas de la narrativa actual peruana.

Considero, asimismo, que estas discusiones absurdas sólo benefician a algunos escritores mediocres, aquellos a los que Silvio Rendón llamó "Reynas contra Maradonas" en un lúcido post, quienes consiguen aprovecharse del tumulto que genera estas peleas y las divisiones entre autores para instalar su nombre en la literatura peruana con anónimos, insultos y calumnias, ya que con sus obras difícilmente podrían conseguirlo. No pienso seguir contribuyendo a que esos escritores se salgan con la suya. La verdad de todo es que no existen mafias literarias ni lobbys, ningún editor cultural está obligado por nadie a silenciar a tal escritor o levantar a tal otro, y el único modo de conseguir un lugar en la literatura peruana es con perseverancia, talento y desde luego algo de suerte (como todo en la vida).

En lo que respecta a González Vigil, aunque soy responsable de todo lo que sostuve y me reafirmo en ello, quiero aceptar que él tenga una versión distinta de los hechos y buscar el punto medio. He borrado mi carta de respuesta y le pediré a Silvio Rendón que borre de mi comentario en su blog las alusiones a él. Sólo quiero dejar en claro, nuevamente, mis disculpas públicas por el incidente en Madrid y reiterarle una vez más la invitación al programa. Asimismo, le ofrezco mi email ithays@pucp.edu.pe por si quiere comunicarse conmigo para aclarar cualquier tema pendiente. Y como no se puede dar un paso adelante manteniendo un taco en el pasado, quier extender la invitación a Vano Oficio a todos aquellos escritores que se han sentido, de algún modo, relegados injustamente por mí. Mi dirección de email está ahí para que se comuniquen conmigo, me den sus datos y pueda advertir al equipo de producción su interés en participar en el programa.

De más está decir que Moleskine Literario seguirá siendo crítico cuando corresponda, pero tratando de mantenerme siempre en el terreno de lo estrictamente literario sin cruzar la línea, que algunas veces he cruzado por culpa de mi vehemencia, de la burla o el comentario personal.

Carta de Alfredo Bryce Echenique

Wednesday, May 16, 2007
Lima, 12 de abril de 2007.
SEÑOR DIRECTOR



Señor Director,


Realmente le agradeceré mucho publicar esta carta.

Créame, Señor Director, que en los 40 años que llevo escribiendo no sólo libros de ficción sino también crónicas de viajes, reportajes, y simples artículos de prensa –como miembro durante casi dos décadas y hasta hace muy poco de la sección “Grandes Firmas”, de la Agencia EFE, mis artículos llegaron a ser publicados hasta en 46 diarios y revistas de ambos lados del Atlántico-, jamás nadie en ninguna parte les ha puesto un solo “pero” a esos textos, y mucho menos se ha dudado de su autoría.

Pero sucede que hace poco, y de golpe, en Lima, me he visto envuelto en acusaciones de plagio provenientes en su origen de un solo diario y de una sola persona, y llenos de una violencia y un odio que sorprenderían al más curtido, lo cual no sólo me ha causado un daño moral y hasta físico, del cual recién empiezo a reponerme, en un lugar apartado de la ciudad de Lima, sino que durante varios días me ha dejado realmente paralizado. Sólo la inmensa solidaridad que me ha mostrado la gente, pública y privadamente (y entre estas gente por supuesto que incluyo a connotados periodistas y escritores), me ha ayudado a capear un temporal en el que por encima de todo me encontré sumamente perdido, desconcertado, y literalmente postrado hasta hace apenas un par de días.

Por supuesto que es muy difícil defenderse de una campaña montada contra uno con tanto tiempo, pericia, y, hasta diría, con minucia y paciencia, y más aún estando yo lejos de mi despacho y de mis archivos, que se encuentran ambos en Barcelona, ciudad en la que resido varios meses al año.

Pero sí quisiera referirle el hecho de que esta campaña se ha dirigido también contra otro escritor, muy amigo mío y de muy bien ganado prestigio internacional, en otro diario de Lima, sin que nadie haya podido encontrarle más razón que la de tratarse de una nueva y muy similar campaña de desprestigio personal, pues las acusaciones de plagio, en ambos casos, se asemejan como dos gotas de agua.

Sin embargo, ha sido tan sólo mi caso el que ha llegado a los diarios extranjeros y por ello también le agradezco mucho que me dé esta oportunidad no sólo de hacerle un recuento de los hechos, tal como los he vivido yo, sino también de hacerle los comentarios anteriormente expuestos.

Muy atentamente,

Alfredo Bryce Echenique


Carta de Alfredo Bryce Echenique

Tuesday, May 15, 2007
Lima, 12 de abril de 2007.
SEÑOR DIRECTOR



Señor Director,


Realmente le agradeceré mucho publicar esta carta.

Créame, Señor Director, que en los 40 años que llevo escribiendo no sólo libros de ficción sino también crónicas de viajes, reportajes, y simples artículos de prensa –como miembro durante casi dos décadas y hasta hace muy poco de la sección “Grandes Firmas”, de la Agencia EFE, mis artículos llegaron a ser publicados hasta en 46 diarios y revistas de ambos lados del Atlántico-, jamás nadie en ninguna parte les ha puesto un solo “pero” a esos textos, y mucho menos se ha dudado de su autoría.

Pero sucede que hace poco, y de golpe, en Lima, me he visto envuelto en acusaciones de plagio provenientes en su origen de un solo diario y de una sola persona, y llenos de una violencia y un odio que sorprenderían al más curtido, lo cual no sólo me ha causado un daño moral y hasta físico, del cual recién empiezo a reponerme, en un lugar apartado de la ciudad de Lima, sino que durante varios días me ha dejado realmente paralizado. Sólo la inmensa solidaridad que me ha mostrado la gente, pública y privadamente (y entre estas gente por supuesto que incluyo a connotados periodistas y escritores), me ha ayudado a capear un temporal en el que por encima de todo me encontré sumamente perdido, desconcertado, y literalmente postrado hasta hace apenas un par de días.

Por supuesto que es muy difícil defenderse de una campaña montada contra uno con tanto tiempo, pericia, y, hasta diría, con minucia y paciencia, y más aún estando yo lejos de mi despacho y de mis archivos, que se encuentran ambos en Barcelona, ciudad en la que resido varios meses al año.

Pero sí quisiera referirle el hecho de que esta campaña se ha dirigido también contra otro escritor, muy amigo mío y de muy bien ganado prestigio internacional, en otro diario de Lima, sin que nadie haya podido encontrarle más razón que la de tratarse de una nueva y muy similar campaña de desprestigio personal, pues las acusaciones de plagio, en ambos casos, se asemejan como dos gotas de agua.

Sin embargo, ha sido tan sólo mi caso el que ha llegado a los diarios extranjeros y por ello también le agradezco mucho que me dé esta oportunidad no sólo de hacerle un recuento de los hechos, tal como los he vivido yo, sino también de hacerle los comentarios anteriormente expuestos.

Muy atentamente,

Alfredo Bryce Echenique