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notas

del blog moleskine literario

Aclaración de Ricardo Virhuez

Tuesday, June 21, 2005
Estimados amigos:
El Congreso de escritores peruanos en Madrid ha provocado diversas reacciones entre sus participantes y algunos de ellos han escrito notas en los medios donde trabajan o colaboran opinando sobre el mismo con la más amplia libertad. Incluso varias de esas opiniones han sido reenviadas por correos electrónicos y se han comentado abiertamente. Pues bien, hace poco he leído una nota publicada en internet por una persona ávida de notoriedad (pueden leerlo en http://notasmoleskine.blogspot.com/) que acusa a la Revista Peruana de Literatura, que dirijo, de haber publicado un artículo sobre el congreso de Madrid. Evidentemente, solo la ignorancia y desinformación de este sujeto puede hacerle suponer tal cosa, pues la RPL es una revista trimestral de literatura peruana que investiga y difunde los aspectos más plurales de nuestra literatura. No hemos escrito aún ninguna crónica sobre el evento
porque hemos asistido sorprendidos a una suerte de "versión oficial" sobre el congreso plagado de mentiras y falsas declaraciones publicadas en El Comercio, Perú.21 y Caretas. Pero teniendo en cuenta que los sujetos que redactan dichas notas provienen precisamente de ese sector criollo enquistado en el poder y la corrupción y que se hacen pasar como "representantes" de la actual literatura peruana, más que sorpresa habría que hablar de reafirmación de una realidad tan penosa como inevitable. En primer lugar, estas versiones "oficiales" mienten cuando hablan de una dicotomía andino-criollo que habría sido la base de la discusión en Madrid.
En lo absoluto se planteó un problema de enfrentamiento entre "andinos" y "criollos", ya que la mesa sobre literaturas regionales, donde se trató el tema de los escritores criollos (y no de "literatura criolla"), realizó una amplia lectura sobre la literatura costeña, andina, negra, y mi exposición trató sobre literatura amazónica, tanto indígena como hispana e incluso judía. Como se ve, el espíritu de las mesas en Madrid fue el reconocimiento elemental de nuestra diversidad cultural y literaria. Que yo sepa, nadie jamás planteó otra cosa durante el congreso. Lo sorprendente, sin embargo, es que de pronto los escritores criollos aboguen por la "diversidad" literaria, por la "multiplicidad" y que "hay espacio para todos". Y eso lo afirman sujetos que precisamente, en los medios donde filtran la información cultural, cierran los espacios a todo aquello que esté fuera de su círculo de intereses, es decir a la mayor parte de la literatura peruana precisamente.
Uno se preguntará sanamente por qué esa repentina apertura, por lo menos de palabra, y creo que la razón es simple. En el congreso en Madrid se explicaron las características literarias de los narradores criollos, y la conclusión fue tajante: es una mala literatura. Incluso muchos de sus libros son simplemente subliteratura. Sin experimentación ni buen manejo del idioma, con temas banales e intrascendentes, sin el conocimiento básico de recursos y técnicas narrativas, los escritores criollos hacían una mala literatura que pasaban de contrabando como la "literatura peruana". Y si no, lean esos mamotretos promocionados como "éxitos de venta" plagados de lugares comunes y pobreza lexical. Los narradores criollos (jarjachas, les decía Dante Castro; rivagüeritos, un amigo desde Madrid) creen que los demás escritores peruanos (es decir, casi todos) les tienen envidia. Uno se pregunta si es posible envidiar la mala calidad. En fin, por lo menos estos sujetos logran unir con facilidad la arrogancia con la imbecilidad. Que el sujeto que motiva esta aclaración escriba con las mismas limitaciones de como habla, sin el menor respeto ni por el idioma hablado ni el escrito, es sin duda un problema de la naturaleza que nadie podrá resolver. Se dice que el libro debe hablar por sí mismo, pero hay libros que solo tartamudean su impotencia. La mala literatura seguirá siendo mala aunque goce de los favores de ciertas editoriales o de programas de Tv aburridos y que no aportan nada en favor de la cultura nacional.
Lamentablemente, este no es el tono de nuestros escritos, y los amigos sabrán disculpar. Pero la nota publicada por este sujeto, si bien no vale la pena de comentar más, merecía más que unas palabras de aclaración.

Hasta pronto.

Ricardo Vírhuez Villafane
Revista Peruana de Literatura
Director

Cáscara de nuez

Friday, June 10, 2005
SIENTO, LUEGO EXISTO

El título "Permiso para vivir", del primer tomo, se ha vuelto "Permiso para sentir" en el segundo volumen de las "Antimemorias" de Alfredo Bryce Echenique.

Sentir equivale a vivir. Ser insensible (o devenir en tal acostumbrándose a la miseria física y moral del Perú descalabrado por los pésimos gobernantes de toda la vida, con los extremos pavorosos de Alan García y Alberto Fujimori), pero también reprimir el sentimiento y la intuición a nombre de la razón o diversos valores (familiares, patrióticos, políticos, artísticos, etc.) significa estar muerto en vida. El tema principal de "Permiso para sentir", sobre todo en la segunda parte, es la relación conflictiva con la realidad peruana, a la que Bryce comenzó a descubrir en toda su complejidad siendo estudiante de la Universidad de San Marcos y terminó por asumir en Europa 'descubriéndose' un peruano en el que prendió pronto el deseo de volver. Empero, al volver, comprendió que era un 'extranjero' irremediable, en un sentido cercano al de Camus, sintiéndose ligado y desarraigado en todos los países que ha vivido. El Perú le duele y le "inspira rabia y azarea" (Vallejo, Trilce XXXVI); la absurda realidad peruana le da derecho "a meter la pata y a la risa" (Trilce LXXIII), siendo su testimonio sobre el Perú uno de los más hondos y honestos, nobles y angustiados, que haya tejido escritor alguno. Parte sustancial del vínculo con la patria es la familia (la patria mínima), a la que aborda con "sonido y furia" (Faulkner). Y, por cierto, los amores y las amistades, esenciales en la cosmovisión de Bryce, la verdadera patria de su corazón; en ese punto, Bryce se siente privilegiado, culminando en su actual felicidad con su esposa Anita Chávez. Entrelazada a esos grandes temas, emerge una y otra vez la vocación literaria y cómo lo ha llevado a romper con ataduras diversas: familiares, patrióticas, laborales, etc. Destaca su deslinde con el 'boom' y con la disciplina flaubertiana, la defensa de su escritura intuitiva, sentimental, sanguínea y digresiva, bajo las enseñanzas de Cortázar, Ribeyro y Monterroso (en otros libros subrayó a Proust y a la novela sentimental inglesa, Sterne principalmente). Añádase su labor como profesor y conferencista, brillante y lúcido, ameno e informado, conforme he podido constatar acompañándolo a Trujillo y Piura (costa), Cusco (sierra) e Iquitos (selva) en actividades organizadas por Petro-Perú: "a nivel laboral, lo más grato y positivo de aquellos años. Y humanamente fueron inolvidables" (p. 612). Actividades en olor de una multitud que lo quiere porque lo siente entrañablemente. Alfredo: gracias por sentir. Y por hacer que sintamos sin medida ni clemencia, trémulos de emoción, jaraneándonos (con dolor y todo, misma nuestra música) en tus páginas.

Madrid era una fiesta

Thursday, June 09, 2005
VARIACIONES SOBRE UN ENCUENTRO DE ESCRITORES PERUANOS EN MADRID

Vestíbulo
Una imagen: la tarde de un domingo, cuatro escritores peruanos se encontraban sentados en las escaleras de un hotel en la calle Preciados, en el cual solo dos estaban alojados, sin atreverse a entrar al vestíbulo y tampoco a dirigirse hacia Gran Vía e iniciar así su primera aventura europea. Se quedaron ahí, mirando a través de un cristal la belleza primaveral de las madrileñas y los precios en euros de los libros de la FNAC. Una metáfora que confirma que la identidad del escritor peruano no pasa por preguntarse quiénes somos sino a qué tenemos derecho.

Bienvenidos
La última semana de mayo en que se organizó un singular encuentro de escritores peruanos en Madrid gracias a la voluntad de la Asociación Mirada Malva, el apoyo de Augusto Elmore y la embajada peruana y la audacia de dos escritores peruanos radicados en Madrid de distinta suerte editorial: Mario Suárez Simich y Jorge Eduardo Benavides. La organización consiguió el doble milagro de repartir boletos de avión y habitaciones (algunos en hotel y otras en casas de amigos) y unir en una sola ciudad a un abanico tan amplio de escritores peruanos que incluían todas las plumas: exiliados, cosmopolitas, andinos, regionales, outsiders y mediáticos, jóvenes y seniors, además de investigadores. Conclusión: la literatura peruana ha dejado de ser –felizmente- una dirección única, ya sea andina o realista, y se ha convertido en la suma de diversas voces y ámbitos, una pluralidad con todos los giros que permite la ficción. Bienvenidos al nuevo rostro de la literatura peruana.

Ficciones
Una argentina de largas piernas era el señuelo que incitaba a entrar a un bar que no pudo tener nombre más apropiado: “Ficciones”. Fuimos llegando en grupos luego de la recepción en casa del embajador. Al fin, dos mesas largas en paralelo y sin intersección. En una, los “criollos”, en la otra los “andinos” y “regionalistas”. Dos grupos de química compleja que no se unieron ese día. Pero de haber ocurrido hacia el final de la semana, sin duda la mesa hubiera sido una sola.

Polémica
Seamos claro y la dichosa polémica andino/criollo no existió. Apenas unas cuantas voces disidentes aprovecharon el evento para airear tristes querellas. No pretendían discutir posiciones, o comparar estéticas, sino quejarse. Miguel Gutiérrez fue contundente: la literatura se trata de palabras, fustigó, no del tamaño de las fotos en los diarios. Aún así, algunas mujeres se quejaban de que no las tomarán en cuenta, algunos andinos de que los periódicos no publicitarán sus premios y Alfredo Pita de que la literatura de los exiliados no fuera exaltada por la crítica. Pita vive en París.

Jet lag
En lo que a mi respecta, debo afirmar que mi participación estuvo mediatizada por el jet lag que apenas pude sacudirme hacia el final de la semana, merced a unas botellas de cava compartidas con amigos. En medio de las penumbras del falso sueño me pareció ver: A Miguel Gutiérrez en camiseta junto a su simpática esposa. A Sandro Bossio en rigurosa corbata conversando con un Santiago Roncagliolo más despeinado que nunca. A Patricia de Souza, Grecia Cáceres y Carlos Herrera, llegados de París, vestidos de negro y con lentes oscuros como fans de The Cure. A Alfredo Pita calificar a los críticos literarios de “dogos vigilantes celosos guardianes de templos patéticamente desolados”. Al jovencísimo Daniel Alarcón, recientemente editado por Harpers Collins, lamiendo las cebollas de un plato de lomo saltado. A Ricardo Sumalavia convenciendo a lectores españoles de que sus cuentos están inspirados en haikus. A Fernando Ampuero recitando un poema de Juan Gonzalo Rose. A Walter Lingán, cuya obra admiro pero no se lo dije porque su timidez me intimidó. A Luis Nieto diciendo que es cuzqueño y por ello mismo cosmopolita. A Alonso Cueto llegando tarde a las mesas redondas por ver a Durero. A Carlos García Miranda bebiendo vino en el bar donde bebía el Camarón. A Richar Primo sacando de su maleta miles de metros de cinta rojiblanca pedidos por Mario Suárez. A Mazzoti y Paolo de Lima sentados bajo unos almendros, asegurándome que no son parte de ninguna mafia. A De Souza diciendo que odiaba los libros con argumento. A Carlos Herrera graficando con un cubo Rubik la complejidad de la literatura peruana. Al mítico editor Juan Cruz saltándole al cuello a un escritor andino que dijo que Bryce era aburrido. A Jorge Eduardo Benavides sonámbulo, invitando la última copa. A todos, sin distinción de plumaje, pidiéndole el teléfono a una sonriente azafata peruana, que no se lo dio a ninguno. Y a mí mismo dedicando parte de mi ponencia a Dina Páucar (¿?) y calificando de cáscara de nuez al cerebro de un crítico peruano. Todo eso y más vi en medio de mi jet lag. Yo me divertí.