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notas

del blog moleskine literario

Thursday, December 04, 2008
Entrevista con Ricardo Sumalavia

El escritor publica en España “Que la tierra te sea leve”

YOLANDA VACCARO

MADRID. El hombre literato busca a su hermano literario y el hombre de carne y hueso busca a su hermano carnal. Con este punto de partida Ricardo Sumalavia ha escrito “Que la tierra te sea leve”, su primera novela. La obra, publicada por Bruguera, circula en España desde hace unas semanas.
Radicado en Burdeos desde hace tres años, donde realiza un doctorado, el escritor desarrolla su faceta literaria incursionando por primera vez en el terreno de la novela. A “Que la tierra te sea leve” le preceden tres libros de cuentos.

¿Qué aporta a su literatura vivir en Europa?
Cuando vives fuera de Perú la distancia te activa la memoria, activas pasajes que no recordarías o no verías con suficiente perspectiva si vivieras en tu país, que estarían guardados en el “disco duro”. Pero fuera empiezas a recordar olores, sabores, hechos, cosas de tu pasado por esa necesidad de ir reconstruyendo tu vida. Vas echando mano de lo que tienes más cerca, que es la memoria.

Eso es algo que les ha pasado a escritores como Mario Vargas Llosa o Benavides, que escriben sobre Perú desde la distancia…
Sí. Hay escritores que nunca han salido de su terruño como Martín Adán o José María Eguren que han tenido como viajes interiores. Hay otros escritores que sí necesitan distanciarse de su objeto de escritura. Ese ha sido mi caso y puedo decir que me he beneficiado culturalmente, literariamente.

“Que la tierra se te sea leve” ¿es una novela de búsqueda?
Tal vez sea difícil incluso enmarcar esta obra dentro del concepto de novela. No es el estilo de novela canónica, de un solo argumento, una sola historia, con personajes centrados en toda la línea. He hecho experimentos. Sí, busco diversos recursos narrativos pero con temáticas precisas; en este caso era la búsqueda del hermano literario y del hermano carnal. Temas que siempre me han interesado mucho son la familia, la ciudad natal. Me obsesiona esa relación amor-odio que tenemos muchos con Lima, sobre todo cuando estás fuera. Quieres volver, pero cuando estás allí quieres salir corriendo para observarla mejor. Y ésta es una novela en la que traté de presentar varios niveles de lectura. Uno es el de la búsqueda del hermano con dos líneas paralelas que se van alternando. También está la construcción de una realidad a través del lenguaje, de la palabra. Hay un homenaje, un punto de partida, que es la Epístola a Belardo de Amarilis. Al margen de si Amarilis existió o no, o si fue una invención de Lope de Vega, a mí lo que me interesa es que Amarilis existió por la palabra, por la escritura. Eso quise hacer con la novela.

¿Hasta qué punto es autobiográfica?
Alguien podría pensar que es autobiográfica porque hay pasajes en la novela, a modo de crónica, en los que podría ser yo. Pero lo cierto es que si bien es alguien para cuya construcción tomo elementos de mi vida, lo empiezo a construir a través de la palabra. Intenté la búsqueda de la identidad a través del lenguaje. Tienes identidad mientras escribes, dejas de escribir y ese que se comunicaba a través de la palabra deja de existir, eres otro si quieres. Hay muchas experiencias cotidianas de escritura o de comunicación vía e-mail o vía epistolar y luego, cuando los personajes involucrados se encuentran cara a cara, no se comunican de la misma forma. La relación existe en tanto que existe la palabra por la vía elegida. La escritura te da una identidad distinta, quería problematizar esto.

Efectivamente no es una novela al uso. Al principio cuesta seguir el hilo…
Al contener estas dos historias paralelas también hay algo mucho más vital. Crecí en el centro de Lima, en Barrios Altos, hay una cosa muy vivencial de las barriadas. Luego la formación académica cambió mi referencia a un mundo de libros. Traté de escribir una novela en la que pudiera resolver esos espacios de mi vida privada, de mis recuerdos de Barrios Altos, y establecer un puente con el mundo de los libros, de la lectura, quise tratar de amalgamar todo. La parte de Barrios Altos curiosamente es la más ficcional. La parte que habla de un mundo de libros es donde aparezco como si fuera un personaje. Me estoy topando con muchos lectores que prefieren más una historia que otra; hay quien prefiere las historias marginales de Barrios Altos, de las putas, y hay quien prefiere la parte en la que hay casi una “metaliteratura”, un personaje que quiere ser escritor, que habla de literatura. También hay lectores que pueden lograr la amalgama.

¿Ha hecho también un ejercicio de concisión de lenguaje?
He escrito ya tres libros de cuentos breves, además tengo un libro de microrrelatos y eso te da un tipo de lenguaje, una concisión, te acostumbras a ello. Con la novela quería probar otros registros, otras posibilidades de lenguaje, pero todo lo que he aprendido con el cuento he tratado de aprovecharlo para la novela. Por eso hay capítulos bastante cortos, algunos capítulos cerrados, y hay algunos fragmentos que podrían leerse tranquilamente como cuentos autónomos. Pero ya luego hay una lectura de conjunto. Si es algo que funciona para mí como escritor y como lector, creo que puede funcionar para otros. Si me ha gustado a mí al momento de escribirlo, estoy seguro de que habrá otros a los que les gustará.

¿Extraña Lima?
Lo suficiente para querer ir y luego regresar. Lo que extraño de Lima ya ha desaparecido. Extraño el espacio de cuando era niño. Como te decía, crecí en Barrios Altos y ese espacio ha desaparecido. Por más que quisiera volver ese espacio sólo existe en mi memoria y ahora, en parte, en mi libro.