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notas

del blog moleskine literario

NADA DE OBJETIVIDAD, POR FAVOR

Tuesday, August 23, 2005
Por: Alonso Cueto/Perú21

El último número de “Hueso Húmero” ofrece, entre otros, algunos magníficos textos de Antonio Cisneros, una crónica muy animada de José Ignacio López Soria sobre Hungría y un texto arriesgado pero interesante y documentado de Victor Krebs sobre las relaciones entre mitos clásicos y eventos contemporáneos. Uno de los textos es el del húngaro Miklos Meszoly. Meszoly cuenta que en una ocasión el poeta W.H. Auden fue a Budapest a dar una conferencia en la que dijo que Thomas Hardy no podía ser apreciado fuera de Inglaterra porque “es demasiado inglés”. Meszoly intentó demostrarle lo contrario con un argumento que sería familiar a un peruano: las culturas periféricas conocen a las culturas dominantes aunque éstas conozcan poco o nada sobre las periféricas. El tema es importante pero me interesa quedarme con lo esencial de la afirmación. ¿Qué es en definitiva ser un escritor “inglés”?

El artículo de Meszoly me recuerda la interesante novela “Neguijón” de Fernando Iwasaki. “Neguijón”, el nombre de un supuesto gusano que en el siglo XVI explicaba el dolor de muelas (el libro incluye una ilustración a color de un gusano dental), es un recorrido por los dentistas y sus pacientes en la Lima y Sevilla coloniales. En una entrevista, Iwasaki ha declarado que le hace ilusión la coincidencia entre la “mariposa del realismo mágico latinoamericano” y “el gusano barroco español”. Siguiendo a Iwasaki, la idea de una marca exclusiva de “realismo mágico” latinoamericano me parece tan absurda como la idea de la “inglesidad” de Hardy. ¿Es acaso un escritor más latinoamericano porque es “realista mágico”? La literatura española también es “realista mágica” si tomamos ejemplos que van desde el bestiario medieval hasta el episodio de la cueva de Montesinos y la obra de García Lorca.
La relación entre el narrador y su realidad (un tema que surgió aunque soslayado en los recientes pleitos literarios) es una relación personal. No existe una “realidad nacional” objetiva que el narrador “represente” o “presente”. Esa falsa ecuación solo puede dar lugar a malos entendidos (como juzgar a un autor por su capacidad de “representar” a su país). Proponerse “reflejar” a un país o a una cultura es una empresa respetable pero imposible. Comunicar nuestra percepción visceral de una realidad, de cualquier realidad, en cambio es la aspiración de un escritor. Acabo de leer “La noche de Morgana” de Jorge Benavides. De todos los cuentos, escritos con mucho oficio y recursos, me quedo con el último, “El Ulysses de Joyce”. La historia de un diplomático que escribe interminablemente un informe hasta morir es la parodia más seria que he leído sobre el trabajo de escribir. Como todos, el escritor de Benavides está esencialmente solo. En una ocasión, Juan Rulfo declaró que los parajes que había descrito en sus obras no existían en ninguna parte de Jalisco. El los había inventado. Aunque, es verdad, solo quien conocía Jalisco podía haberlos inventado como él.

Congreso Internacional

Friday, August 05, 2005
UNIVERSIDAD NACIONAL MAYOR DE SAN MARCOS
FACULTAD DE LETRAS Y CIENCIAS HUMANAS
ACADEMIA PERUANA DE LA LENGUA
REVISTA DE LITERATURA DEDO CRÍTICO

CONGRESO INTERNACIONAL “OQUENDO DE AMAT, ABRIL Y LA VANGUARDIA HISPANOAMERICANA”

PROGRAMA

17 DE AGOSTO
Lugar: Palacio de Osambela

12.00 m.

Palabras de bienvenida a cargo del Dr. Marco Martos Carrera, Decano de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas
Inauguración del Congreso Internacional a cargo del Dr. Luis Jaime Cisneros (Academia Peruana de la Lengua)
Ponencia Oquendo de Amat en Madrid a cargo de la Dra. María Antonia Ortega (Universidad Complutense de Madrid)
Ponencia Carta al poeta Oquendo de Amat a cargo del Dr. Carlos Meneses (Palma de Mallorca)

Moderador: Edgar Alvarez Chacón

3.00 p.m.
Lugar: Facultad de Letras y Ciencias Humanas

Proyección de película:
El perro hablador …..


3.00 p.m.
Lugar: Unidad de Postgrado de la FLCH

1. La modernidad como evasión
Ina Salazar (Universidad La Sorbona, París)
2. Trayectoria del vanguardismo peruano
Carlos García-Bedoya Maguiña (UNMSM, Lima)
3. Oquendo de Amat panvanguardista
Carlos Germán Belli (UNMSM, Lima)

Moderadora: Clarivel Valverde Cárdenas

5.00 p.m.

Xavier Abril y el surrealismo
Ricardo Falla (UNMSM, Lima)
Sustrato andino en la poesía de Carlos Oquendo de Amat
Dorian Espezúa (UNMSM, Lima)
Migraciones interiores y exteriores en la poesía de Carlos Oquendo de Amat
Mauro Mamani (UNMSM, Lima)
Lo autóctono y la universalidad en la poesía de Carlos Oquendo de Amat
Gisela Jörger (UNMSM, Lima)
Moderadora: Roxana Huamán Huriarte

7.00 p.m.

1. Lectura y revaloración de Duque, de José Diez Canseco
Alonso Rabí Do Carmo (UNMSM, Lima)
2. ¿Por qué los hombres andarán oblicuos sobre la pared? La parodia vanguardista en 5 metros de poemas de Carlos Oquendo de Amat
Jannine Montauban (Universidad de Montana)
3. Apuntes sobre el estilo de Oquendo de Amat y la cosmovisión vanguardista
Camilo Fernández (UNMSM, Lima)
4. El Oquendo de Vargas Llosa
Jorge Valenzuela Garcés (UNMSM, Lima)
Moderador: Julio Fabián Salvador


18 DE AGOSTO
Lugar: Unidad de Postgrado de la FLCH

11.00 a.m.

La mujer como figura modélica y arquetipo organizador, receptivo y de reverencia en la poesía de Carlos Oquendo de Amat
Ana Elena Costa Neyra (UNMSM, Lima)
La corta boca humana: Contactos entre la vanguardia peruana y el ultraísmo y la generación del 27 español
Carlos García Miranda (UNMSM, Lima)
Carlos Oquendo de Amat y la tecnología
Julio Fabián Salvador (UNMSM, Lima)
El discurso de la vanguardia latinoamericana en la poesía de Carlos Oquendo de Amat
Sandra Granados (Universidad Nacional Federico Villarreal)

Moderadora: Tania Silva Cepero

3.00 p.m.

5 metros de poemas: ¿libro objeto o juego de la vanguardia?
Max Palacios (UNMSM, Lima)
Comprensión de tiempo/espacio, mundos posibles y modernidad alternativa en Cinco metros de poemas
Ulises Juan Zevallos-Aguilar (Universidad de Ohio)
César Miró: Un vanguardista en la ciudad cantada
Daniel Mathews (UNMSM, Lima)
Carlos Oquendo de Amat y el Boletín Titicaca
Dante Callo (Universidad San Agustín, Arequipa)

Moderadora: Esther Espinoza Espinoza

5.00 p.m.

1. Cuarto de los espejos: Filosofía y arte poética en 5 metros de poemas de Carlos Oquendo de Amat
Rosa Carbonel (UNMSM, Lima)
2. El ritmo de intensidad en La rosa escrita de Xavier Abril
Oscar Coello (UNMSM, Lima)
3. Huidobro en Oquendo, por las ramas del simbolismo vegetal
Víctor Coral (UNMSM, Lima)
4. Elites limeñas en la época de la vanguardia
Cristina Flórez (UNMSM, Lima)

Moderador: Guissela Gonzales Fernández

7.00 p.m.

1. Indigenismo de Vanguardia: El caso de Alejandro Peralta
Américo Mudarra Montoya (UNMSM, Lima)
Apuntes para un mapa biográfico de Xavier Abril
Sandro Chiri (Universidad de Temple)
Poesía soñada de Xavier Abril
Marco Martos Carrera (UNMSM - Academia Peruana de la Lengua)

Moderador: Darío Chávez de Paz

19 DE AGOSTO
Lugar: Unidad de Postgrado de la FLCH

11.00 a.m.

1. Vigencia de Carlos Oquendo de Amat
Rodolfo Milla (UNMSM, Lima)
2. La ciudad en 5 metros de poemas y Cinco cerros de poemas en la ciudad
Nilo Gabriel Espinoza Suárez (UNMSM, Lima)
3. La vanguardia peruana en la aventura polirrítmica de Oquendo de Amat
Fátima Salvatierra (UNMSM, Lima)
4. Xavier Abril y la postvanguardia peruana
María Luisa Roel Mendizábal (UNMSM, Lima)
Moderador: Ricardo Zavaleta

3.00 p.m.

Mariátegui y la vanguardia
Gustavo Espinoza (Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle)
Los ciclistas venden imágenes económicas: Economía y paisaje poético en la República Aristocrática Peruana. Los 5 metros de poemas de Carlos Oquendo de Amat
Paolo de Lima (Universidad de Ottawa)
3. No sólo los ciclistas venden imágenes económicas. Mercancía y el dandismo en Carlos Oquendo de Amat
Eduardo Chirinos (Universidad de Montana)
4. Carlos Oquendo de Amat y la Vanguardia Latinoamericana
Yazmín López Lenci (UNMSM, Lima)
Moderador: Allan Silva

5.30 p.m.

Presentación de la Revista de Literatura Dedo Crítico N.º 11.
Participan: Gabriel Espinoza Suárez y Allan Silva


6.00 p.m.

1. Lectura de Xavier Abril y Carlos Oquendo de Amat
Leopoldo Chariarse (Düssedorf, Alemania)
2. Los poemas cubistas de José María Eguren
Agustín Prado Alvarado (UNMSM, Lima)
3. Lo sublime y lo bello en 5 metros de poemas de Oquendo de Amat
Miguel Angel Huamán Villavicencio (UNMSM, Lima)
4. Humor e irreverencia: el caso de lo sublime
Mario Merlino (Asociación de Traductores, Madrid)

Moderador: Richard Cacchione Amendola

7. 30 p.m.

Clausura del evento.

José Miguel Oviedo, volvió el crítico del año 1959

Thursday, August 04, 2005
Por Tomás Escajadillo
en diario LA PRIMERA

Con una crónica hepática, casi fascista, contesta Oviedo a M. Gutiérrez(*). El mismo crítico que acusó al poemario Edición extraordinaria (1958), de Alejandro Romualdo, de panfletario y subversivo. En una palabra, lo mandó a la PIP de aquel entonces.
Y sí, era práctica del Dominical de El Comercio tener la página literaria a cargo de una sola persona.
Es curioso que Oviedo no mencione que antes que él, la página estuviera en manos de Sebastián Salazar Bondy, y que, después de Oquendo, el titular fuera R. González Vigil, un crítico más plural y equilibrado. (Con él llegaron los serranos a El Comercio).
La famosa polémica de 1959 (sobre Edición extraordinaria) está en una revistita estudiantil que yo dirigía: Lumbre se llamaba la pobre. (San Marcos, mayo-junio de 1959, Nos. 8-9: está en la Biblioteca Nacional).
Hay un texto de Arturo Corcuera (el más extenso), y una indignada carta de Gonzalo Rose. Romualdo dice, con su peculiar estilo, en qué se basa “La crítica ‘científica’ del Dr. Cisneros”, a quien el agredido considera maestro y mentor de Oviedo.
En el mismo número hay una encuesta en torno a Edición extraordinaria, con los puntos de vista de Juan Ríos, A. Tamayo Vargas, Gustavo Valcárcel, Manuel Beltroy, Julio Ramón Ribeyro, Alberto Tauro, Francisco Bendezú y Wáshington Delgado.
Por lo visto, parece que Oviedo nunca ha salido de allí.El Comercio, pues, escogía un mandarín. Muchos han creído que El Comercio había superado su “estilo mandarín” (la existencia misma de Perú.21 sería prueba de ello), pero...
En sus tiempos, Oviedo vapuleó duramente a Contra natura de Hinostroza; tuvo también una acre polémica con Oswaldo Reynoso. En una oportunidad, perdonavidas, habló de tres poetas jóvenes que “apuntaban”. Corcuera lo lapidó con un texto titulado “Tres poetas que apuntan y un crítico que dispara”.
(Sintomáticamente, para terminar con las páginas de El Comercio a R.G.V. –que no es de la Cosa Nostra– primero lo “degradaron” en el periódico. Y, qué raro, en Madrid un “crítico televisivo” lo culpó de todos los males que los “andinos” sufrían en Lima, mientras reventaba “cuetes” a otro periodista, más importante, del Decano).
Oviedo ha estado 20 años fuera. (Cuando vivía en Lima, amigos extranjeros comunes me decían “Oye, tú vives junto a José Miguel”. La respuesta era siempre la misma: “Sí, a tiro de pedrada”.
Risiblemente, Oviedo tilda a M. Gutiérrez de ser “envidioso” de “éxitos ajenos”. ¿No sabe que Hombres de caminos (1988) ha sido reeditada varias veces, que La violencia del tiempo (3 vol., 1991) es (con País de Jauja, 1993) la novela más elogiada hoy en el Perú (y también varias veces reeditadas)? Como quien dice, estas novelas se han vendido mucho más que “caramelos verdes”.
Oviedo “olvida” la resonancia entre nosotros de novelas como Babel, el paraíso (1993), Poderes secretos (1995), y una cantidad notable de libros de ensayo.Gutiérrez responderá (o no) por las invectivas personales de Oviedo.
En cuanto a lo de “andinos” y “criollos” (?) o “costeños”: aunque he publicado libros sobre López Albújar, Alegría, Arguedas y Scorza, y en 1994 apareció un tomo de 340 páginas titulado La narrativa indigenista peruana, no dejo de tener diferencias con algunos narradores (y críticos) “andinos”, peruanos y extranjeros.
En este último libro, sin el permiso de MVLl, comento y discuto a más de 40 escritores “andinos” posteriores a 1971. No es un hecho aislado que la revista Debate, mediante una pulcra encuesta, declarara a País de Jauja como la mejor novela peruana de la década del ‘90.
Me gustaría saber, para dar sólo otro ejemplo, si alguien en “ambientes refinados” ha escrito un cuento de la calidad de Cordillera negra, de Oscar Colchado (su más reciente trabajo es la novela Rosa Cuchillo: publicada en 1997, en la Feria del Libro a la que alude Oviedo, se presentó la 7ª ed.).
Hace menos de un año publiqué Mariátegui y la literatura peruana (397 pp.). En la contracarátula los editores mencionan que cuestiono tajantemente La Utopía Arcaica. Caretas censuró las tres líneas que me dedicó César Lévano, y no publica la carátula de un libro editado en el Perú (Librería El Virrey, vía canje, había mandado a Caretas un ejemplar).
(El libro fue ocultado todo lo posible porque, yo también lo afirmo: hay una “Secta/Mafia”, en todos los medios: escritos, Somos (¿qué es eso?), Caretas y la TV. Sea el canal del Estado o los de Telefónica-Cable Mágico. Hasta Quehacer ya no es lo mismo después de la jubilación de Cancho Larco).
Voy a repetir lo que dije hace bastante tiempo a la revista de los Estudiantes de Post Grado de Literatura (San Marcos). Me preguntan a qué se debe el silencio en el Centenario de Diez-Canseco: “Si Salazar Bondy y Ribeyro lo elogian, ¿por qué la crítica actual no lo valora?”. TGE:
“Porque vivimos en lo que hace veinte años se llamaba ‘la rosca boliviana’: era el círculo del poder económico. Todos los periódicos, todas las revistas son contrarias a la cultura literaria.
Enrique Zileri debe ser uno de los periodistas más importantes y más ignorantes del medio: para él lo que cuenta es la sección Ellos & Ellas” (Ínsula Barataria, N° 3, julio de 2004, p. 117). (Me volví pitoniso).
Así que Mr. Oviedo, permítaseme preguntar: ¿cuántos ejemplares de Cuaderno imaginario (1997) y La última fiesta (1998), editados por Apoyo (también de la Cosa Nostra), le publicaron/vendieron? Sr./Dr. Oviedo: usted es un septuagenario “con un pasado”.
No se nos haga el angelito, el american scholar (Emerson dixit). En su pasado limeño, católico, se puede encontrar “intrigas”, “denuncias” y “agravios” como para hacer un buen “culebrón”.
(*)Hace referencia a uno de los artículos cruzados entre algunos críticos y escritores en torno a la polémica entre escritores criollos y andinos.
EscribeTomás G. Escajadillo

PRESENTACIÓN DE 1922

Wednesday, August 03, 2005
La última vez que vi a Benjamín Quark tenía en la mano uno de esos tragos de aspecto indigerible que suele tomar a pequeños sorbos. No decía una palabra, como siempre. Ante su silencio, fui describiendo sus movimientos en mi mente como si fuese personaje de una novela de nouveau roman: “Benjamín Quark voltea a mirar a un conocido. Benjamín Quark lleva puesta la gabardina gris que no se quita nunca. Benjamín Quark no habla. Benjamín Quark toma un sorbo de aquella bebida indigesta. Benjamín Quark mira el fondo del vaso”.

Edwin Chávez es un muchacho simpático. Tiene cara de niño, podría ser un niño. Su enorme curiosidad linda con lo ingenuo. Edwin es ingenuo. O quizá debería decir “inocente”. Pero no es un tonto. Cualquiera puede ver detrás de esos ojos siempre húmedos y asombrados a un muchacho capaz de hacer cualquier cosa por salir de la mediocridad, del lugar común. El único problema de Edwin es que se parece demasiado a Benjamín Quark. Es su doble físico, aunque intelectual y espiritualmente se encuentren tan lejos uno del otro como Iquitos de Estambul, o Macao de Dubrovnik. Actualmente, ese parecido no implica ningún problema pues somos pocas las personas que conocemos a ambos. Sin embargo, aquella similitud sí podría convertirse en un lío por culpa de la vocación de Edwin: quiere ser escritor. He dicho vocación pero ahora digo “terquedad”. He tratado de conseguir que mi amigo abandone sus pretensiones, pero él insiste. Le he expuesto decenas de argumentos ciertos e imaginarios, y la realidad me ha dado algunos más sin que se los pida, pero Edwin es irreductible. Le he dicho que, viéndolo tan feliz abriendo y cerrando libros, fanatizándose –con un gusto algo snob, lo reconozco- con autores desconocidos, extasiándose con un arranque de novela o un simple adjetivo (lo he visto en esas ocasiones alzar su mirada al techo y exclamar “¡qué paja!”), me imagino para él una vida de librero. Un librero feliz, un librero emperador de pequeña patria, sacando libros de cajas y colocándolos en las góndolas, influyendo en sus lectores a través de comentarios o ubicando libros en lugares estratégicos. Un ágil librero trepado en su escalerita. Un librero contento y seguro, protegido en esa isla en la que nadie comprará ni comentará los libros de Benjamín Quark.

Como de costumbre, Benjamín Quark ha huído dejándome que yo pague la cuenta del bar. Pese a que siempre insisto en que yo la pagaré, él no deja de hacer ese teatro en el que rechaza la invitación, insiste en que le dé la cuenta, luego me pide permiso para ir al baño y huye por alguna ventanita trasera o camuflándose detrás de una vieja obesa y con sombrero que ingresa al local. Imaginarme a Benjamín Quark huyendo me da cierta tranquilidad. Resulta que no es invencible. Sin embargo, esa ilusión es transitoria. Quark siempre sabe sellar su victoria sobre mí. Hoy, por ejemplo, me dijo: “tú eres de los que piensan que las palabras son carritos chocones, se cruzan unas con otras y paf, no pasa nada”. Sé que no volverá, es mejor que busque a un mozo para cancelar la cuenta.

Hay algo que diferencia a Benjamín Quark y a Edwin Chávez. Mientras el segundo lee mis libros y es muy generoso con ellos, a Quark le parezco un imbécil, un estafador, y se proclama incapaz de pasar de la primera página de alguna de mis novelas. Pero hay algo que los une: ambos han nacido en la selva. Pero la selva para Edwin es un lugar pintoresco, cargado de anécdotas de primeras lecturas, de una educación sentimental y deportiva similar a la de otros muchachos provincianos. La selva de Benjamín Quark tiene tanto de pintoresca como un asilo psiquiátrico. Aquella selva es un lugar delirante, con elefantiásicas casas de fierro y árboles donde aúllan los loros y las frutas podridas se desprenden y estallan en la acera como granadas.

Benjamín Quark ha huido, pero esta vez ha dejado un resto del naufragio. Sobre la mesa del bar, impecablemente anillado, un manuscrito flotante. Y no me refiero a páginas pulcras escritas a máquina o computadora en letra times, sino a un manuscrito histérico, con elevaciones y hundimientos caligráficos, con ortografía dolorosa, como aquellas hojas hubiesen súbitamente ardido al contacto de esa tinta y esa mano. Benjamín Quark me ha dejado -¿es a mí? ¿soy yo?- un libro de cuentos inédito escrito por él. ¿Un olvido? No, no lo creo. Leo Rilke, leo Proust, leo Joyce, leo señor K y señorita Ur. Leo “tan pronto bajó del taxi, me sorprendí de encontrar a Funderbuke en su automóvil”. ¿Es para mí? ¿Soy yo el elegido? He levantado el manuscrito con la punta de los dedos, lo he envuelto en mi saco y he corrido hasta mi casa, temiendo que sea volátil. Tirado sobre mi sofá, leo el título 1922 y lo repito en voz alta: 1922. En ese mismo momento, Edwin Chávez ha tocado mi puerta. Dudé en abrirle. Le abrí por fin. “¿Has decidido pedirme que sea tu aval en la librería? Mira que he encontrado un lugar estupendo, una antigua juguetería” me adelanto, pero me interrumpe. Sonríe mientras estira el brazo con un libro rectangular, de carátula color marrón, que huele a cola de imprenta. “Lo presento el 28 de julio” dice. No necesité leer la carátula para saber qué cifra contenía el título. No digo más. Ahora, que pase lo que tenga que pasar.

Bustrófedon. Oviedo: crítico fantástico

Gregorio Martínez entra también en la polémica literaria y nos ofrece una crónica de sus encuentros y desencuentros con el crítico José Miguel Oviedo.

Por Gregorio Martínez (Escritor)

José Miguel Oviedo sostiene, en artículo publicado en Perú.21, que "cuando las polémicas surgen de un planteamiento erróneo, no sirven sino para envenenar el medio intelectual". Me ruboriza la pureza arcaica de Oviedo y su referencia a los coletazos y a la reyerta de escritores que ha dejado atrás el congreso realizado en Madrid. Siento vergüenza por su fácil y cómodo cinismo. Quizás cinismo sea demasiado. Por su descaro sería más concordante. Si Oviedo buscara "desahuevina" en Google, al instante recibiría la dosis que le corresponde, su trozo de post modernidad.
Y qué feudal el pensamiento de Oviedo. Que Peisa publicó a Miguel Gutiérrez gracias a la recomendación de un regio. Un libro, maese Oviedo, es mercancía desde cuando lo hacían a pulso los monjes benedictinos en Monte Cassino, antes que naciera la imprenta, la modernidad y el capitalismo. Oviedo, todavía medieval, imita tarde a Cervantes, que le dedicó El Quijote al duque de Béjar. Bien podría tomar lección actual de Pietro Aretino, antifeudal, que le dedicó Sonetos lujuriosos a su propia pichula.
Tarde conocí a Oviedo. Nunca en Lima, ni siquiera de vista. Fue en Washington D.C., en una exposición del pintor Fernando de Szyszlo. Oviedo no había ido por amor al arte sino porque en tal evento se empezó a cocinar, en Estados Unidos, la candidatura presidencial de Mario Vargas Llosa, también presente en el acto y muy efusivo con cada quien.
A Oviedo le vi cara de espanto. Soy feo, pero no es para tanto. Verdaderas bellezas me han seducido y noqueado sin remedio en el ring de las cuatro perillas. Bueno, reconozco que el cronopio Alfredo Portal me llama "Upercut" Martínez. Y una vez entré al Hospital Militar, en Lima, donde César Lévano estaba preso, incomunicado y enfermo, solo con decirles a los guardias armados: Soy el coronel Martínez.
Que Oviedo no me conociera ni en pintura, eso no fue óbice para que escribiera solapa (eso creía él) un articulo de malaleche contra mi primera novela, Canto de sirena. No lo publicó en Lima. Se trataba de meter veneno con premeditación. Oviedo calculó bien en dónde ese torpedo podría surtir efecto. "Crítica al sesgo", de título dudoso, apareció en una revista académica de México.
Sospecho que el malestar de Oviedo a causa de mi escritura comenzó cuando vio que en los coloquios sobre literatura de América Latina algunos especialistas presentaban ponencias en torno a las dos obras que tenía publicadas. En especial Dick Gerdes, el traductor al inglés de Un mundo para Julius.
Algo más, hasta la fecha el artículo de Oviedo no aparece en ninguna bibliografía. Sigue soterrado. Si lo registra el libro de Milagros Carazas, Orgía lingüística de Gregorio Martínez, 1998, es porque yo se lo alcancé. Incluso la obra de Blas Puente, Poética narrativa en Canto de sirena, publicada por Peter Lang en Nueva York, 2004, no lo consigna.
Fue para cortar el brote de un escritor diferente que Oviedo escribió "Crítica al sesgo". Nadie iba a enterarse en el Perú. En cambio, muchos profesores en Estados Unidos iban a recibir la revista con el artículo socavador. Así llegó a manos del peruanista alemán Wolfgang Lutching, especialista en Ribeyro. Lutching, que no era un desprevenido, de inmediato le envió copia a Carlos Milla Batres.
Dicho texto de Oviedo esta plagado de mentiras. Dice que soy un autor sin oficio, aislado del mundo literario. Que Canto de sirena apenas había despertado cierta curiosidad en Lima. Remata con la afirmación de que se trata de una obra frustrada que ni siquiera llega a ser novela. Había sentenciado el pontífice.
Todo al revés. Conocí la literatura en el bar Palermo. Ocurre que por angas y por mangas vengo de culturas ágrafas (quechua y afro). Mi único antecedente literario es por el parcial ancestro chino de mi madre. Por curiosidad había leído de niño al mallorquí Ramón Llull del siglo XIII, al iqueño Gustavo Pineda, fragmentos de Ciro Alegría, Arguedas, El Quijote. Nilo Espinoza fue el primero que me habló de Ulises de James Joyce cuando nos conocimos en el bar Palermo. Andrés Cloud me mostró lo que era un monólogo interior. Después, en el Grupo Narración, me embarqué en un aprendizaje con Augusto Higa, Antonio Galvez Ronceros, Miguel Gutiérrez.
Por otro lado, el crítico y editor francés Maurice Nadeau, el célebre autor de Historia del surrealismo, había adquirido los derechos de Canto de sirena. Nadeau era un editor pobre, pero inigualable. Entre sus pocos autores figuraban Robert Musil, Witold Gombrowicz, Malcolm Lowry, J.M.Coetzee, aún desconocido, y otros raros. Mientras Oviedo le negaba todo mérito a Canto de sirena, Alberto Escobar asesoraba a la traductora Sylvie Koller.
En el mismo periodo, sin conocerme, el famoso historiador Ruggiero Romano, maestro de Alberto Flores Galindo, Manuel Burga, Germán Peralta, le echó el ojo a Canto de sirena y le pasó el dato a Editorial Einaudi de Italia. Pese a la cortina de humo tendida por Oviedo, Ruggiero Romano llegó a Lima. Nos reunimos en el bar del Hotel Crillón. El prestigioso maestro no se aguantó. Se levantó de la mesa y fue a ponerle un cable a Einaudi a través del telex del Hotel Crillón.
Tiempo después, la actitud de Oviedo fue imitada por Mirko Lauer. Culeco de celos, le cambió el título a un artículo que envió a La República Roberto Reyes y le puso "Por qué nadie lee a Gregorio Martínez".
Pero a José Miguel Oviedo, luego de conocerlo de paso, jamás le guardé rencor. Entendí que esos celos resultan naturales en alguien que se creía con derecho a otorgar la fama. Por eso fui amigable cuando lo encontré en un evento sobre literatura peruana que se realizó en Nueva York. Dicho coloquio, de 1998, lo organizó Alfred Mac Adam, el traductor de Carlos Fuentes. Fue en el palacio de los Rockefeller, donde había un gran salón lleno de arte, oro y antigüedades, denominado El cuarto de Atahualpa. De Lima llegaron Pablo Guevara, Carmen Ollé y Fernando Ampuero.
Al final, el fotógrafo Lorry Salcedo me dijo para tomarme una foto con Pablo Guevara. El cónsul peruano en Nueva York, Iván Rojas, hermano de Hugo Neira, me pidió un lugar en la foto. No sé de dónde apareció Oviedo y clamó: "Gregorio, ¿puedo entrar?" Antes que le contestara, se clavó. Me pareció un gesto de amistad para borrar toda suspicacia.
Qué inocente fui. Un par de años más tarde, en 2002, Pedro Escribano entrevistó a Oviedo para La República. Todo a propósito de una antología de narradores. Ya en el último tramo de la entrevista, Pedro Escribano le preguntó a Oviedo por qué había omitido a Gregorio Martínez. No lo conozco, respondió con cara de palo. Si lo hubiera dicho con ironía, lo alabaría aquí. Pero no, Oviedo lo dijo en plan de espléndido impostor.

EL GOCE DE LA PALABRA

Tuesday, August 02, 2005
M. Eráusquin/C. Sotomayor
diario Correo

Oswaldo Reynoso es un autor que se toma su tiempo para publicar. El goce de la piel (Editorial San Marcos, 2005), que aparece exactamente diez años después de su libro anterior, confirma sus innegables dotes de eximio narrador. En esta entrevista, el escritor confiesa su obsesión por la palabra y aclara sus puntos de vista sobre las recientes polémicas literarias.

Correo: El goce de la piel, además de su brevedad, se caracteriza porque el lenguaje adquiere protagonismo...
Oswaldo Reynoso: En el Perú se suelen presentar novelas de muchas páginas. Se cree que una novela debe tener 200 o 300 páginas. En el caso de mi novela, ésta apenas tiene 50 páginas. Considero que la literatura es un arte que se hace con palabras, así como la música se hace con sonidos y la pintura con colores. Como todos usamos la palabra para comunicarnos, da la impresión de que es fácil trabajar artísticamente la palabra. Pero es un trabajo que requiere mucha dedicación. En mi caso, desde mi primer libro he tenido una especial dedicación por el trabajo de la palabra.

C: Una dedicación que se torna en obsesión muchas veces...
OR: Claro. Un artista debe ser obsesivo. Algunas personas dicen que yo me repito. La literatura para mí, además de ser un ejercicio artístico, es una manera de expresarme. Y a través de esa expresión poder encontrar el misterio, lo sagrado.

C: ¿Hay diferencias, ideológicamente, entre el Oswaldo Reynoso de los setenta con el del 2005? OR: Sigo creyendo en lo mismo. Sigo siendo socialista. Y no como dice un gacetillero por ahí que cree que el maoísmo no es socialismo; que vaya a estudiar política. Creo en la lucha de clases y creo que aún hay izquierdas y derechas.

C: Usted dice que cree en la lucha de clases. ¿Cree también en la insurrección?
OR: No es que crea, sino que es un fenómeno histórico. Alguien dijo que la revolución no va con los ideólogos sino con las barrigas vacías.

C: ¿Cómo ve a las nuevas generaciones de escritores?
OR: Hay jóvenes que empezaron a publicar en la década del noventa. El problema no está en lo que publicaron, el problema está en las líneas de desarrollo que uno puede encontrar en esas primeras obras. Esos autores tienen dos caminos: o desarrollan a profundidad su creatividad o la abandonan.

C: ¿Cómo toma el hecho de que un grupo de escritores jóvenes, adscritos a la temática urbana, lo hayan ungido como su guía, como su referente?
OR: Yo creo que no soy el más indicado para responder esa pregunta. Pero yo puedo señalar, en forma muy general, haciendo referencias a las palabras que dijo Washington Delgado, que mis personajes son vistos desde dentro. Por eso cuando los jóvenes leen mis obras se sienten conmovidos.

C: ¿Cómo se sintió cuando el INC le rindió un homenaje junto a los demás miembros de la generación del 50?
OR: Me sentí bien, desde luego. Sucede que desde que publiqué mi primer libro me insultaron, me denigraron, y muy pocos se ocuparon de él. Y actualmente el señor Ampuero ha resucitado los insultos. Decir que él es mediocre y que no me gusta lo que escribe no es insultarlo. Porque si yo publico un libro me pongo, pues, a disposición de los lectores. Pero otra cosa es insultar al autor. El me llama “muñecón” en un artículo.

C: Ya no se discuten ideas...
OR: Ya no, ya se perdió eso porque no hay nivel. Y me parece que Miguel Gutiérrez le hace un favor a Ampuero al discutir con él, porque Ampuero no tiene nivel.

C: ¿Cuál es su opinión, en conclusión, sobre esta polémica entre los llamados “andinos” y los llamados “criollos”?
OR: Yo no creo en la discusión entre andinos y criollos, o entre limeños y provincianos. Lo que sucede en realidad es que un grupete de pitucos se ha apoderado de la representación del Perú. Y eso no es nuevo, siempre ha existido, con diferentes nombres. Pero siempre habrá rebeliones, porque el escritor es un inconforme. Cuando el escritor se domestica, su obra ya no vale.

MAS DATOS “La literatura para mí, además de ser un ejercicio artístico, es una manera de expresarme. Y a través de esa expresión poder encontrar el misterio, lo sagrado”

Carta de Grecia Cáceres

LA CULTURA EN EL PERÚ
Grecia Cáceres

Francia
Soy una novelista y poeta peruana que reside en Francia. Participé en el encuentro de escritores de Madrid, y he descubierto, con asombro, la polémica que ha despertado en el congreso la dimensión de la literatura peruana, pareciendo ser objeto de reivindicaciones personales y de grupos ocasionales en torno a ideas completamente inútiles. La dimensión de nuestra literatura parece querer ser disminuida, concentrada, limitada en su más pequeño denominador, en manos de escritores y críticos que se ven proyectados casi contra su voluntad en polarizaciones inútiles. El público lector de nuestra literatura está más fuera del Perú que dentro, y todo ese movimiento polémico interno revela únicamente una renuncia a la dimensión universal de esta. Es urgente una verdadera política cultural.

Lástima que dicho apoyo se quiera concretar con la descabellada idea de crear un ministerio de cultura.

julio ortega

Polémica: respuesta a declaraciones de Oswaldo Reynoso
Julio Ortega
Crítico

En la entrevista que le hace Francisco Estrada al novelista Oswaldo Reynoso (se publicó el miércoles 27, en Perú.21), soy víctima de su mala fe y peor memoria. Afirma que José Miguel Oviedo, Abelardo Oquendo y yo fuimos una mafia de críticos a la que, con ingenio notorio, llama "la triple O". Y luego sostiene haberme botado de su casa "casi a patadas". Nunca he estado en su casa. Tal vez se refiere a que, en 1964, le toqué la puerta para invitarlo a dar una charla sobre su narrativa. Debe de haber sido la hora de la siesta, porque el novelista abrió la puerta en pijamas, no se había aún duchado, y la situación resultó penosa. Me excusé por la interrupción. Cortésmente me dijo que no podía dar esa charla, y me despedí. Mi recuerdo, al menos, es más pulcro que el suyo.

entrevista a ampuero

Perú21

Fernando Ampuero, autor de Malos modales (1994), Bicho raro (1996) y El enano, historia de una enemistad (2001), entre otros títulos, ha puesto recientemente en circulación Mujeres difíciles, hombres benditos (Alfaguara, 2005), una selección de cuentos.

¿Qué representa este libro dentro de su producción?

Se trata de cuentos escritos en los últimos 6 ó 7 años. Diría que es un libro de madurez, junto con Malos modales y Bicho raro, porque yo soy, básicamente, un cuentista. Además, me considero un narrador oral; por ello, trato de contagiar mi escritura de ese hálito.

¿Cuál es el hilo conductor?

Reuní algunas historias de mujeres, seres que adoro -no vayan a saltar mis amigas feministas-, mientras que los hombres están pintados como seres más terrestres, escépticos, a los que les pasan cosas pero no las generan.

¿Y qué vendrá después?

Tengo otro volumen de cuentos en marcha y una novela grande, que estoy demorando -ya tengo 450 páginas en limpio- porque no tengo ninguna prisa, sino, más bien, el ánimo de hacer un trabajo redondo.

Recientemente, en el debate entre escritores, Tulio Mora lo calificó a usted de acusete y Gutiérrez lo tildó de informante policial.

Así es. Gutiérrez no da nombres, y Reynoso (en la entrevista publicada en Perú.21 el miércoles 27 de julio) tampoco. En efecto, yo toqué el tema político, porque ellos introdujeron el tema. Esta polémica comenzó de manera banal y cómica, al punto que pensé hacer una colecta para comprarle una bicicleta a Miguel Gutiérrez e invitarlo a pasear con nosotros por los malecones de Miraflores. Sin embargo, Gutiérrez ha convertido nuestra polémica en algo pernicioso.

En general, no es un debate alturado.

Esto empezó con Gutiérrez y su gavilla de escritores resentidos reclamando que una secta mafiosa dominaba los medios limeños y no les daba prensa. Y, luego, pretendieron erigirse en jueces juzgando las obras literarias según la lucha de clases, lo cual es una visión política -no estética- y pobrísima de la literatura -si Saki, Stevenson o Borges hubieran nacido aquí, serían autores de segundo orden-. Pero, después, llegaron los insultos y los exabruptos y, a estas alturas, ya no sé si Gutiérrez y Reynoso son unos idiotas morales o tal vez algo más, porque ambos, hablando de "informantes policiales" y de "delación", me recuerdan los cartelitos que los asesinos senderistas les colgaban a los cadáveres de sus víctimas: ¡Mueran los soplones!

¿A qué se refiere?

Estos sujetos quieren distorsionar las cosas solo porque le recordé a Gutiérrez lo que había afirmado en su libro La generación del 50. Decía que Guzmán era una inteligencia superior y el paradigma de los peruanos, cosa que ratificó apenas dos meses atrás ("no reniego de ese libro", declaró en la revista Pelícano). Por eso, ahora que hablan de "delación", me pregunto: ¿de qué lado están? ¿Se reconocen como senderistas? Reynoso ha hablado de crisis de valores. ¿Cuáles? ¿Los maoístas? Hablan como militantes en la clandestinidad.

Dijeron, también, que usted se había picado porque Jerónimo Pimentel criticó unos poemas suyos publicados en la revista Quehacer.

No tiene nada que ver. Aquí ha habido una alianza de resentidos. Hora Zero se sube a cualquier carro con tal de insultar y buscar un poco de flash. Ya lo he dicho: los poetas odian peor que los peluqueros de señoras. Ese señor dice que era una crítica, cuando era una andanada de insultos. Hasta mezclaron a Fernando Zevallos en el asunto.

¿Algo de bueno tuvo este intercambio de artículos?

Mi balance es que ya nadie se escucha. He visto que sí ha habido un desembalse brutal de resentimientos que ha tocado a críticos prestigiosos como Oviedo, Oquendo, Ortega, Lauer y a muchos escritores. A mí me parece que esto refleja una especie de racismo del otro lado, que me da pena.

La feria del libro de Lima

Monday, August 01, 2005
Finalizó ayer la X Feria del Libro de Lima. Muchas personas han pensado erróneamente que yo era parte de la organización, al verme tan entusiasmado con la Feria (presenté tres libros y dos autores internacionales, y presenté dos libros), además de estar ahí prácticamente todos los días (además del apoyo a la Feria, grabé el programa todo el sábado y toda la tarde del martes). Lo cierto es que no fui parte de la organización, sino uno más de los encandilados por el optimismo contagiante de Doris Moromisato, la organizadora de los eventos culturales. He leído que la Feria ha sido, además, un éxito económico, lo que comprueba que cuando las cosas se hacen bien los resultados son los que se esperan. El cambio del pálido escenario de La Marina hacia el colorido Centro de Convenciones del Jockey Plaza dio más movilidad, aunque implicó el costo de un sol por entrada. ¿Es el ideal? Por lo pronto, sí como lo comprueba el número de visitantes, casi 250 mil personas.
Aunque todas las editoriales y librerías aportaron lo suyo –ya hablaré después de Océano- es cierto que la que se llevó el galardón de eficacia fue Alfaguara. No solo trajo a los dos peruanos que han publicado novedades (Benavides e Iwasaki) y a las ganadoras del Premio Alfaguara, además de lanzar el nuevo libro de Fernando Ampuero, sino que procuró tener los libros de todos los autores de su editorial que habían sido invitados por la Cámara del Libro. Es muy, muy raro que suceda eso, en el Perú y en otras ferias también (en la de Colombia y la de México no ocurrió). Así, tenía en exhibición los libros de los colombianos Alonso Sánchez Baute, Antonio Ungar, Héctor Abad y Juan Manuel Roca, además de la chilena Andrea Jeftanovic. Y consiguió que los medios se interesen por ellos, por si fuera poco. Otros esfuerzos similares fueron los de Océano por tener el libro de Alan Pauls –pocos ejemplares, se agotaron rápido- y la Cámara consiguió un par de docenas de libros de Armonía Perdida de Esterhazy. Lamentablemente, las editoriales o distribuidoras de Lemebel o Diamela Eltit, por ejemplo, no hicieron lo mismo.
Algo que siempre he sostenido del Perú es que, a diferencia de otros países a los que me han invitado, aquí en la Feria jamás falta público para oír incluso a autores no tan conocidos o completamente desconocidos. El promedio es de 100 personas en las salas, y quizá me quedé corto. De las que he asistido, eso no sucedió casi con ningún autor en la feria de Bogotá, la de Madrid, o la de Miami (ferias que implican un costo mayor y mucha más publicidad) y ni siquiera en la de Guadalajara. Además, creo que el equipo organizador pasó su prueba de fuego al hacer estupendamente bien la traducción simultánea (alemán/ castellano) del húngaro Peter Esterhazy. Todo es positivo, no veo nada negativo en la organización salvo en la seguridad: a una editora le robaron su celular, a una poeta mexicana su cartera con pasaporte y todo, a mi productor una computadora personal, y me contaron que se sacaron una laptop de uno de los stands, y también las ventas de un día de otro. Eso sin contar, obvio, los robos de libros que deben ser cientos.
Apunte personal.- Al finalizar la Feria, me quedé con la pregunta: ¿fue mi santo y no me había enterado? Es que, inesperadamente, he tenido unos días de absoluta felicidad literaria. Primero, la visita de uno de los escritores que más admiro en el mundo, desde hace años, Peter Esterhazy, a quien no solo oí sino incluso entrevisté. Luego, la presencia de Alan Pauls, un escritor cuya obra sigo con mucha atención y curiosidad, incrementada ahora después de conocerlo. Y finalmente, la de Andrea Jeftanovic, narradora chilena que conocí en Guadalajara y con quien he conversado sobre libros y autores interminablemente durante cinco días. Luego, Fernando Iwasaki y Jorge Eduardo Benavides, amigos entrañables de antes y de siempre. Y por si fuera poco, en Océano alguien se volvió loco y rebajó los libros de Anagrama a 20 soles/ 6 dólares (y a mí, incluso, me hacían una rebaja sobre eso). Y no cualquier libro, sino autores notables: John Banville, Vikram Seth, Marcos Giralt, Alvaro Pombo, Alexander Hemon, Chang Rae Lee, Allan Hollinsgurth, Graham Swift, Harold Brodkey, Anthony Powell, Julián Barnes, John Fowles, y un largo etc., -incluso uno de Nabokov (Risa en la oscuridad)- y las ediciones de cuentos de Lengua de Trapo: Páginas amarillas y Líneas aéreas, además de varios libros de traducción de esa editorial. Me compré 46 libros en tres viajes. Absolutamente impresionante.