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notas

del blog moleskine literario

Viajar para contarlo: entrevista a Caparrós

La Vanguardia. Suplemento Cultura/s – 17/10/2007

Martín Caparrós El escritor se ha especializado en tomar el pulso a su multifacética Argentina.
Analizamos el nuevo-nuevo periodismo del cronista que escribe cuentos para ser leídos como novelas

Viajar para contarlo

GASTÓN GARCÍA

“El relato de viajes es la forma más pudorosa de la autobiografía”, escribe el periodista y escritor Martín Caparrós, considerado el gran cronista argentino de los últimos veinte años. A su biografía añade ahora un recorrido por rutas que lo llevan miles de kilómetros, a través de parajes y provincias de eso que puede entenderse como la Argentina profunda, el interior o, simplemente, lo que no es Buenos Aires. Es decir, donde no se oye tango, sino cumbia.

Brillante, perspicaz, irónico, agudo, El interior (Planeta / Seix Barral,2006), su último y celebrado libro, es una heterodoxa colección de crónicas, relatos, poesías, que algunos críticos han entendido que allí, en el nuevo-nuevo periodismo de Caparrós, puede estar la clave de la Gran Novela Argentina que aún no se escribió. En la literatura hispanoamericana, dentro de la categoría de libros de viajes, Martín Caparrós ocupa un lugar central con títulos como Larga distancia (Seix Barral, 1992/2004), Dios mío (Planeta, 1994) y La guerra moderna (Seix Barral, 1999). Entre las virtudes que suelen destacar de sus escritos, muchas veces se hace referencia a su mirada “de cazador”: “aquel comportamiento atávico del Cromagnon que sabía que si no estaba muy atento, quizás se perdiera la única liebre que saltaría en toda la jornada y esa noche pasaría hambre. Esa obligación de mirar, esa tensión, esa adrenalina, es lo que me gusta de viajar para contarlo. Y el placer de creer que uno va entendiendo cosas, encadenando lo que ve para formar una imagen más o menos completa, y muchas veces equivocada... pero qué importa”, explica Caparrós en la entrevista que llevamos a cabo personalmente, por teléfono, por mail, por chat.

–¿Existe una mirada argentina?
–Siempre me consideré afortunado porque creo que no hay una miradaargentina como habría una mirada francesa, inglesa, norteamericana; por eso supuse que podría mirar con muchos menos prejuicios, menos filtros. Como simirara más acá o más allá de las imposiciones de una cultura fuerte, con esa mezcla que es el sello de lo argentino. Ensu nuevo libro impone una ruptura con las formas, llevando más allá la crónica, mezclándola con versos, poesías, citas, y el variado castellano de sus interlocutores. Acaso estamos ante un nuevo-nuevo periodismo. “Querría creer que sí, pero sólo sé que lo he intentado”, responde. “Aquello que llamamos nuevo periodismo se conformó hace medio siglo, cuando algunos señores y muy pocas señoras decidieron usar recursos de otros géneros literarios para contar la no-ficción. Con ese procedimiento armaron una forma de decir, de escribir que cristalizó en un género. Ahora casi todos los cronistas escriben como esos tipos de hace cincuenta años. Dejamos de usar el mecanismo, aquella búsqueda, para conformarnos con sus resultados de entonces. Lo bueno era el procedimiento, y es lo que vale la pena recobrar; buscar qué más formas podemos saquear aquí, copiar allí, falsificar allá, para seguir armando nuevas maneras de contar el mundo. Ése fue mi intento en este libro”.

“Ojalá estas crónicas se vuelvan cuentos”, desea Caparrós. ¿Crónicas que se vuelven cuentos que pueden ser leídos como una novela? “Lo importante es que se independicen de sus referentes y que puedan seguir siendo leídas cuando ya a nadie le importe el modo en que operan los pedófilos en Ceylán o la JuntaMilitar birmana o los galleros salteños. No creo que un género sea mejor que otro a la hora de contar un país: todos se pueden usar, y vale la pena usarlos todos”. Argentina puede ostentar de grandes cronistas, sin embargo para Caparrós éste un género despreciado en su país: “Si la crónica es tan importante en Argentina, ¿por qué nadie me avisó? Es un género tan despreciado que ninguno de sus medios la usa casi nunca. En otros países latinoamericanos ha habido últimamente cierto renacimiento, pero en la Argentina, no”.

Uno de los temas preferidos de los argentinos es... la Argentina, al punto de inventarse un neologismo que dé sentido y lugar a ese sentimiento de ser nacional, a una manera de vivir en el fin del mundo: la argentinidad.
La argentinidad Uno de los grupos de rock más populares del momento en este país, Bersuit Vergarabat, exalta esa argentinidad en una canción que señala que “la calle más larga, el río más ancho, las minas más lindas del mundo... el dulce de leche, la birome, los dibujos animados, el colectivo y muchas cosas más...” son parte intrínseca de ese extraño ser.
Con el lastro identitario de un país joven de infancia violenta, el argentino no deja de preguntarse apasionadamente por un pasado que se escapa y un futuro incierto que no espera... ¿y el presente? A todos los libros escritos alrededor de la argentinidad –una secuela que podría iniciarse en el siglo XIX con el intelectual más destacado de la época, Domingo Faustino Sarmiento; y alcanza a visitantes como Ortega y Gasset, Duchamp, Gombrowicz, Chatwin–, el periodista y escritor Martín Caparrós suma este monumental libro de relatos de viajes con el que, a pesar de llenar de preguntas al lector, acierta en dar una mirada sobre la Argentina actual, desconocida, enorme, inabarcable, infinita. “Una entelequia”, como cualquier país. “La Argentina es un invento, una abstracción”, dice Caparrós en El interior, “casi tres millones de kilómetros de confusiones, variedades, diferencias, inquinas y querencias y un himno una bandera una frontera mismos jefes, y a veces, mismos goles”.

El mayor fracaso del siglo XX
En un mail desde Bombay, el escritor opina que “Argentina es una entelequia porque todo país lo es. Mira el caso de España, en el empecinamiento en unir culturas, lenguas, costumbres diferentes bajo un solo estado, lo mismo que ocurre en todos lados. No hay nada más antinatural que la idea de país, y eso es lo que los hace interesantes”.

Parece que Caparrós viaja constantemente. Sólo en los últimos seis meses, ha visitado Senegal, Egipto, Sudáfrica, Dubai, Bangla Desh, India, China, Hong Kong, Francia, Inglaterra, Italia, Estados Unidos, El Salvador,Brasil, Chile, Colombia, Perú y España. Mira el mundo y mira su Argentina desde el mundo, para reflexionar que “salvo los socialismos soviéticos, el mayor fracaso del siglo XX es la Argentina; un país que se anunciaba, hacia 1900, como una de las grandes potencias del mañana, y que ahora, tras ímprobos esfuerzos por lograrlo, se ubica cómoda en el sector mediocre del planeta.Aveces somos optimistas y soñamos con el privilegio de una caída estrepitosa –las valkirias llorando sobre el búnker de Berlín, los húsares huyendo en Waterloo, Atahualpa cautivado por Pizarro– pero no: las caídas en general, y la nuestra entre ellas, son lentas, casi imperceptibles, hechas de confusionesy altibajos. Nada, en principio, que uno pueda ver todos los días pero, al cabo de unos años, la conciencia de que ya no estábamos donde estábamos”.

–Si ya es difícil explicar un país, ¿cómo explicar la Argentina más allá de sus fronteras?
–Ya no intento explicar la Argentina, ni fuera ni dentro. Pero sigo pensando que es un caso que debería estudiarse, o quizás usarse para inventar un juego de simulación que podría tener mucho éxito. Uno tipo Civilization o Age of Empires: te dan un territorio grande y cómodo con muchas riquezas naturales, una población escasa y más o menos bien preparada, y hay que empezar a construir un país. Entonces, si consigues hacer todas las elecciones equivocadas y le pones alguna pizca de creatividad para inventar errores imprevistos, quizás llegas a armar la Argentina.

El legado de Sarmiento
Caparrós celebra constantemente a Sarmiento, el maestro de provincias, el intelectual que llega a ser presidente de Argentina en 1868. “Cuando sea grande, quiero ser Sarmiento”, escribe; “Sospecho que Sarmiento nunca escribió ficción porque tenía un país por escribir. ¿A quién se le ocurre inventar una historia, un romance, o unas aventuras cuando se puede inventar una nación? ¿A quién se le ocurre reproducir o recrear cuando se puede crear o producir?” En un bar catalán, añade: “Sarmiento me parece uno de los grandes cronistas argentinos, un escritor fundamental. Me interesa sobre todo su condición de mitógrafo. Sarmiento decidió ofrecernos sus memorias (Recuerdos de Provincia), cuando tenía treinta años y no había hecho nada que justificara ningún interés en su vida. Como buen argentino y buen inventor de la argentinidad, había entendido que lo más importante era producir un mito, que lo demás, si acaso, llegaría por añadidura. Y decidió que su mito sería él, se inventó a sí mismo como alguien cuya vida valía la pena de ser contada, y convenció a muchos. Llegó desde un rancho provinciano hasta la presidencia de la República, en un trayecto inverosímil. Fue el primer self-made man en un país que después se especializó en producirlos”. Además, recuerda que “Sarmiento hizo un aporte inapreciable para la comprensión de la patria: nos explicó que el único anagrama posible de argentino es ignorante”.

Lo que más le interesa a Martín Caparrós –dice en Barcelona, donde ha venido a hablar de Jorge Luis Borges y de fútbol– es la capacidad de su país para producir mitos: “Somos grandes productores de caras para la camiseta: Guevara, Evita, Maradona y siguen firmas. Hay países serios, importantes, que no han sabido poner ninguna cara en la camiseta universal. Ynosotros, sin mayores méritos, hemos impreso varias. Alguna vez querría entender cómo lo hicimos”.
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